Miedo a nada, miedo a todo...

"Cuando la separación de la madre y el hijo se hace sin ninguna precacución, las partes del cuerpo del bebé corren el peligro de ser arrastradas como amputaciones, como desgarramientos dolorosos, y éste es el caso particularmente de la piel tan frágil, la piel herida del lactante que se acompaña siempre de descargas emocionales dolorosas: llantos y estremecimientos.
 
Esta agresión sobre el lugar de la separación con la madre puede dejar estigmas (las dermatitis), unidos a alteraciones respiratorias o circulatorias, de abosorción o de termorregulación. Observaremos entonces que este niño tiene siempre necesidad de cubrirse intensamente, por múltiples capas de ropa, que desvestirse será siempre muy problemático y que los contactos con los tejidos sobre la piel serán vividos como una cierta agresión; pero algunos niños pueden por el contrario buscar siempre la desnudez [...]

Todos los niños que están bajo el dominio de las angustias arcaicas sufren, viven el miedo permanente a ser abandonados, dejados de lado [...] Todos estos niños viven un sufrimiento psicológico y afectivo, porque tienen dificultades para construirse sus representaciones originarias, los fantasmas de acción que les permita vivir la seguridad afectiva en la ausencia.

Si queremos que el niño crezca, es importante que pueda superar las angustias arcaicas y los sufrimientos asociado a las pulsiones destructivas del objeto de amor. El placer de la destrucción en el niño pequeño es fundamental para la evolución psicológica del mismo. Nosotros enseñaremos a los niños que los fantasmas destructores que aparecen sobre el plano simbólico y en los juegos no son peligrosos y les mostraremos también que es posible liberarse de la culpabilidad del placer de destruir, por tanto, de la angustia de pérdida de la madre, en beneficio de otros placeres como el placer de actuar, de compartir los juegos, de crear y de comunicar." (pp.24-25)
 
Bernard Aucouturier
 

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